Recuerdos del Día de la Reunificación

Jueves 30 de abril de 2020 06:51:10Recuerdos del Día de la Reunificación

La victoria del pueblo vietnamita aparece en la portada del periódico Granma de Cuba.

Nhan Dan-

El 30 de abril de 1975, la Campaña Ho Chi Minh, la última de la Ofensiva General y Levantamiento de la primavera llevada a cabo ese año, culminó en una resonante victoria. El hecho puso fin a la resistencia antiyanqui del pueblo vietnamita y cumplió con la aspiración del presidente Ho Chi Minh de reunificar el país. Desde entonces, el norte y el sur se unieron bajo un techo común.

A sus 93 años, Pham Duy Toan, quien fue jefe encargado de los Asuntos de Asia, África y América Latina, adscrito al Departamento de Relaciones Exteriores del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam, recordó con exactitud aquel momento, cuando era primer secretario de la Embajada de Vietnam en La Habana, la capital cubana. Sus ojos brillaban y su boca sonreía al contarnos sus recuerdos sobre aquél día inolvidable el 30 de abril de 1975, cuando celebraron la victoria final entre los amigos cubanos.

El diplomático Pham Duy Toan.

Instantes después de que la radio de Saigón (actual Ciudad Ho Chi Minh) emitiera la noticia sobre la caída de Saigón, capital de la otrora República de Vietnam, sonó el teléfono de la misión diplomática de la República Democrática de Vietnam (hoy República Socialista de Vietnam) en La Habana. Era la una de la madrugada y cuando Pham Duy Toan descolgó el auricular, una voz de mujer emocionante le dijo en español y con alegría indisimulada: “Tengo una buena noticia. ¿Sabías que Saigón ha sido liberada?”. La mujer al otro extremo de la línea era Melba Hernández Rodríguez del Rey, presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam, con quien muchas generaciones de vietnamitas en la isla caribeña están en una deuda de gratitud.

Esa conversación telefónica dejó a Pham Duy Toan despierto el resto de la noche y hasta hoy, en el ocaso de su vida, sigue siendo un recuerdo feliz e imborrable. La primera persona que le avisó sobre el triunfo de la Patria no era vietnamita, sino cubana y se encontraba en un lugar muy lejano. En aquel momento, Melba estaba en una visita de trabajo en Estocolmo, la capital de Suecia. A través de los medios de comunicación locales, se enteró de la victoria de Vietnam. La mujer trasmitió la noticia a sus compañeros en Cuba, a sabiendas de que el reloj daba la medianoche allá.

Duy Toan colgó el teléfono, embargado de felicidad por la gran victoria de sus compatriotas y despertó a los funcionarios y empleados de la Embajada, que a esa hora estaban en un sueño profundo. Todos se abrazaban gritando con alegría y no pudieron dormir más. Después de varias horas, la noticia oficial llegó de Vietnam a la representación diplomática en la isla. Hoy en día, Duy Toan sigue recordando perfectamente ese momento especial. En la mañana del 30 de abril, en la mayor de las Antillas, nada más salir de la Embajada, el hombre presenció una multitud de cubanos alrededor de la sede diplomática y gritando consignas de solidaridad con Vietnam. La afluencia de personas crecía a la espera de entrar a la Embajada para felicitar la victoria del pueblo vietnamita. En aquel momento, había solo nueve funcionarios en el edificio y todos recibieron a los visitantes hasta el anochecer. La felicidad les hizo olvidar el hambre y el cansancio.

Durante años de estudio y trabajo en Cuba, Pham Duy Toan fue consciente de la importancia de la marcha anual por el Día Internacional de los Trabajadores (1 de mayo), una fecha sagrada para los pobladores de la isla caribeña. En esta ocasión, todos los altos dirigentes de Cuba concurrieron a la Plaza de la Revolución José Martí para celebrar junto con todo el pueblo el día del proletariado. Centenares de miles de personas de todas los sectores sociales y generaciones se levantaron a las tres de la madrugada para participar en el desfile. Llevaban pancartas y eslóganes para mostrar la fuerza de la solidaridad entre los pueblos y la confianza en los logros revolucionarios, además de enarbolar su ideario con misiones específicas por cumplir. Era el mismo lugar donde el entonces primer ministro Fidel Castro había proclamado en repetidas ocasiones el apoyo de su nación a la lucha por la independencia de Vietnam.

Como uno de los diplomáticos extranjeros presentes en la tribuna principal, Duy Toan percibió la diferencia de la marcha de aquel año. Luego de los protocolos habituales de la solemne procesión de la bandera nacional y las imágenes de los héroes del pueblo, el hombre se sorprendió al ver grandes retratos del presidente Ho Chi Minh y del general Vo Nguyen Giap engarzados a una bandera roja con una estrella dorada en el centro, la de Vietnam, en medio de la Plaza de la Revolución en La Habana. La multitud aplaudía y gritaba consignas y mensajes de felicitación. La bandera con las imágenes del tío Ho y el gran estratega militar Vo Nguyen Giap se desplazaba por la tribuna en medio de aplausos casi interminables. Fidel Castro envió parabienes al pueblo vietnamita ante cientos de miles de personas presentes en el lugar en la mañana de aquella fecha. El mitin anual por el Día Internacional de los Trabajadores se convirtió en una marcha de gran calibre para celebrar la victoria de Vietnam.

Para hacer llegar a la comunidad internacional la noticia sobre la histórica victoria del pueblo vietnamita y agradecer el apoyo de tantos y tantos países, las representaciones de Vietnam en el exterior recibieron instrucciones de ofrecer un banquete a escala de unos 300 invitados, o hasta 500 en el caso de la Embajada en La Habana. “Sin embargo, después de una reunión interna, acordamos que era muy poca la cantidad, era difícil tachar algún nombre de la lista de invitados”, recordó Duy Toan.

Después de la reunión, el diplomático visitó a Raúl Valdés Vivó, entonces jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, para intercambiar sobre el banquete. Valdés coincidió en que 500 invitados, en el caso de Cuba, era un número insuficiente. Tras pensarlo un momento, dijo “Vale, déjeme ver”. Ese "déjeme ver" de Raúl Valdés Vivó y el "Déjame eso a mí” de Melba Hernández, presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam, se tradujeron en que el Comandante en Jefe Fidel Castro le otorgó plena potestad a Melba para apoyar a Vietnam a organizar el evento.

“Lo que sucedió en realidad estuvo fuera de la imaginación de cualquiera de los más imaginativos en este mundo profano”, relató Toan con humor. Justo al siguiente día, la parte cubana envió personal a engalanar la Embajada, incluidas tareas de reparación, cultivo de flores e instalación de luces. Más de mil tarjetas de invitación fueron emitidas a todos los dirigentes del Partido y el Estado de Cuba, así como a las misiones diplomáticas acreditadas en la nación caribeña.

Aunque la invitación al banquete marcaba las 8 de la noche, los empleados de la Embajada comenzaron a recibir huéspedes desde la tarde. Incluso notaron una fila larga de ciudadanos que simple y espontáneamente iban a felicitar la victoria de Vietnam, que también consideraban como de Cuba. Ante el cálido afecto del pueblo hermano, la Embajada abrió su puerta a todas las personas, tuvieran o no invitación.

Aproximadamente a las 8 arribó el líder de la Revolución cubana y abrazó con fuerza a los camaradas vietnamitas bajo la luz de los fuegos artificiales que hicieron brillar aquel rincón del cielo de la capital cubana. Los aplausos estallaron como felicitación a la victoria del heroico pueblo vietnamita. La Orquesta Aragón, la más popular en Cuba en aquella época, estuvo presente por invitación de Melba, y se unió al júbilo con melodías que duraron casi hasta el alba.

Para Nguyen Dinh Bin, ex viceministro de Relaciones Exteriores de Vietnam, fue un recuerdo inolvidable recibir la visita de Fidel Castro al mediodía del 30 de abril. Por entonces Bin era Tercer Secretario de Prensa de la Embajada de la República Democrática de Vietnam en Cuba. Nada más saber que Vietnam del Sur estaba totalmente liberado, Fidel acudió a la sede de la misión diplomática.

El mandatario abrazó calurosamente al embajador Ha Van Lau y a todos los funcionarios y empleados, saltándose todos los protocolos, tratándolos como familia. El Comandante resaltó que no solo se trataba de una gran victoria del pueblo vietnamita, sino también del pueblo cubano y de todo el mundo. Abrió una botella de ron cubano añejado por 70 años que llevó especialmente para brindar por aquel acontecimiento histórico.

En su discurso durante el acto central por el XXX aniversario de la victoria sobre el fascismo, en el teatro de Lázaro Peña de la Central de Trabajadores de Cuba, Fidel Castro expresó: “Mencionábamos hace unos minutos la victoria del pueblo vietnamita como ejemplo de solidaridad, pero mencionémosla también como ejemplo del heroísmo incomparable de un pueblo. Digamos que la victoria del pueblo vietnamita constituye también una de las más grandes proezas de la historia humana”.

Cada año, cuando llega esta ocasión, dirigentes del Partido y el Estado de Cuba envían al pueblo vietnamita mensajes de felicitación por el Día de la Reunificación nacional. Hace 45 años, el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publicó en la portada de su edición del 30 de abril la noticia de la victoria del pueblo vietnamita. Y cada año, cuando esa fecha se acerca, los diarios de mayor circulación en la isla publican diversos materiales acerca de la lucha por la independencia nacional de Vietnam y sus logros de desarrollo socioeconómico posteriores a la reunificación.

A pesar de estar jubilado, Pham Duy Toan siempre sigue de cerca los acontecimientos en Cuba y atesora sus años de dedicación al cultivo de las relaciones amistosas entre los dos países. Los recuerdos sobre el afecto de los cubanos hacia los vietnamitas están enraizados en la mente del diplomático y tantos otros ciudadanos del país indochino.

Hai Anh